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Las abejas Situaciones de emergencia

Al comienzo del verano del 2003, unos clientes asiduos se hospedan en su habitual habitación que hace esquina en el edificio, y que tiene dos ventanas, una al frente y otra al lateral.

Uno de los días de su estancia, se les hace la habitación y vuelven a echarse la siesta. Posteriormente salen a pasar la tarde y cenar.

A media tarde otro cliente nos dice que hay unas abejas cerca de la ventana que está al frente y que parece que se meten por un agujero de la pared. Lo observo y llego a la misma conclusión.

Como teníamos colmenas en aquella época, me pongo la careta y el mono y observo que es muy pequeño el orificio y decido solucionar de forma rápida el incidente. Cojo una pistola de silicona y relleno el orificio, con lo que las abejas quedan como despistadas durante unos instantes, y al cabo de una hora ya no se ve ninguna.

A la una de la mañana llegan los clientes de esa habitación y nos llaman diciendo que hay un “pequeño” problema: habían dejado abierta la ventana del lateral y las abejas siguiendo su instinto y las ondas de su “reina” se habían metido por ella y la habitación estaba llena de enjambres colgando de las vigas.

Era imposible dormir allí y tuvimos la suerte de que nos falló un cliente y se fueron a pasar la noche a esa habitación.
Yo me pasé todo el tiempo entrando y saliendo con el traje de apicultor y varios botes de spray, “gasificando” la misma.

Al día siguiente la limpieza de la habitación fue otro cantar (miles… !!que digo miles!! MILLONES de abejas muertas, entre las ropas, en los armarios, en la bañera…

Cada vez que vuelve este cliente, revivimos la situación.

Enviado por | Luis Sanz Hipólito

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El ascensor que nunca llegaba Una equivocación la tiene cualquiera

¡Hola a todos! Esta historia ocurrió cuando estaba trabajando en el hotel NH Palacio de Vigo (¡aprovecho para mandarles un besazo!)

El parking del hotel está situado en la planta -2 de un parking público, al cual sólo se puede acceder con una llave magnética que se entrega en recepción. Para subir a recepción tienen que subir un piso por escaleras y ya cogen el ascensor. Pero a la hora de irse es un poquito más “complicado”.

Recuerdo que era un señor muy amable, de los que les da miedo preguntar por no molestar. Le doy su factura y le explico que primero tiene que bajar en el ascensor al -1 y bajar por las mismas escaleras por las que había subido el día anterior, pero que la única diferencia es que tenía que marcar un código en la puerta de acceso a las plazas del hotel en la planta -2. El código es 3-2-1-0 (¡¡¡dificilísimo!!!). Hasta aquí todo normal. El señor se despide, coge sus maletas y se va.

Cuál es mi sorpresa cuando -casi media hora después- (¡¡¡os juro que no estoy exagerando!!!) veo al mismo señor salir del ascensor y volver a entrar. Al rato, otra vez lo mismo; pero esta vez vio que le estaba mirando y se acercó a la recepción.

-“El ascensor no funciona, señorita”

De inmediato fui a comprobarlo.

-“Sí que funciona”, le contesté.

-“No señorita, llevo un rato introduciendo el código que usted me dijo y siempre me lleva primero al tercero y luego voy bajando por todas las plantas”.

Os lo podéis imaginar. El hombre estuvo media hora en el ascensor marcando el código donde no debía, y ¡¡¡lo peor es que no decía nada!!!

Enviada por | Catherine Estévez Botas

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Sepia al dente Una equivocación la tiene cualquiera

Os cuento una anecdotilla que me sucedió en el NH Villacarlos de Valencia. Estaba un día trabajando en el turno de tarde, acompañada de un chico que estaba haciendo prácticas. Llama por teléfono un japonés y me dice el chico:

- “Oye, me dice el cliente de la 205 que quiere una sepia al dente”.

- “¿Que quiere una sepia al dente? Anda, vuelve a preguntarle a ver si quiere pasta”.

- “Oye, Esther, que me dice que quiere que le suban una sepia al dente”.

- “Dile que llame al restaurante”

Y el chico diciéndome: “Se va a enfadar… ya me lo ha pedido 3 veces y quiere sepia al dente”.

Total, que llamo al restaurante y digo “Julia, el señor de la 205 quiere una sepia al dente”.

Julia me decía “¿Cómo que al dente?”. “Sí, ya lo sé, pero tú súbele la sepia al señor y ya está”.

Coge Julia y le sube la sepia al señor y éste, con cara de asombro, le mira, se frota la boca y le dice:

- “¡¡¡Quere sepio dente!!!”

¡¡¡El señor quería un cepillo de dientes!!!

Enviada por | Esther Zafra

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Hot water Una equivocación la tiene cualquiera

Las aperturas son una etapa muy especial en la vida de los hoteles y la del NH Las Artes de Valencia no fue una excepción. Si al “momento apertura” se le une el concepto “cliente Japonés”, la anécdota está asegurada…

Varias circunstancias produjeron que el agua caliente de nuestros depósitos se agotara hacia media mañana. La consecuencia es la que todos estáis pensando: clientes llamando a recepción para quejarse por haber tenido que ducharse con el agua medio fría (y, los menos madrugadores, fría del todo).

Hacia media mañana, cuando el problema estaba a punto de solucionarse, llegó nuestro “momento de la verdad”. El cliente japonés de la 713 llama a recepción pronunciando las palabras mágicas de esa mañana: “Hot water”. La Jefa de Recepción (¡un besito, Luz!) le explica con toda la paciencia que ha podido acumular a lo largo de esa mañana, que es cuestión de unos 15 minutos como máximo. Cumplido ese plazo, el cliente vuelve a llamar y pronuncia de nuevo las palabras clave: “hot water”. (Es sabido que los japoneses y el inglés son dos cosas que no se llevan muy bien).

Explicaciones, disculpas y se dan un nuevo plazo: el problema estará solucionado en 20 minutos. Ni que decir tiene que cada llamada del cliente significaba una llamada de Luz a Mantenimiento para saber cómo estaba la cosa y apremiarles porque “el de la 713 ya ha llamado dos veces”.

Tercera llamada del japonés y el volumen de su voz ya alcanza más decibelios de los permitidos por RRHH. Terceras disculpas, terceras explicaciones y tercera promesa de que en cinco minutos tiene una solución. La siguiente llamada de la Jefa de Recepción es al Jefe de Cocina pidiéndole que ponga a calentar agua en el cacharro más grande que tenga para llenar la bañera de nuestro amigo y al menos ofrecerle una solución de emergencia.

Cuando el agua caliente está lista, entre dos empleados suben la marmita con al menos 20 litros de agua a punto de hervir. Por fin, Luz puede hacer la llamada que estaba deseando hacer desde hacía una hora y pronunciar la frase: “su agua caliente está subiendo”. Los dos empleados llaman a la puerta. El cliente abre y se produce uno de esos momentos tensos en los que todo el mundo pone cara de no entender lo que está pasando; la del japonés al ver los 20 litros de agua y las de los dos empleados al ver que “el de la 713” les recibía con una minúscula bolsita de té en la mano…

¡¡¡Tanta agua para una ridícula bolsita de té!!! Si queréis saber mi opinión, lo mejor vino al final. ¿Habéis intentado explicarle un malentendido a un japonés… en inglés? No lo intentéis. Resulta imposible.

Enviada por | David Cubells Zamorano

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Historia de Navidad Clientes peculiares

La mañana era fría y soleada, el tráfico algo menos denso por ser Navidad y la gente paseaba por la calle sin el bullicio diario de Madrid. Como tantas otras veces, un taxi se paró delante del hotel. Hans se bajó del coche y, sin esperar a sus padres, subió veloz las escaleras. Quería ver de cerca aquel árbol de Navidad gigantesco que presidía el hall del hotel NH Príncipe de Vergara. Sus padres llegaron por fin a la recepción. Mientras, él ya había dado un par de vueltas alrededor del árbol y contempló con cara de sorpresa los regalos que, de colores brillantes, tanto llaman la atención a grandes y pequeños.

La familia, residente en Dinamarca, había venido a visitar a sus seres queridos en estas fechas tan señaladas. Durante su estancia en el hotel, cada vez que Hans pasaba por el hall, miraba con aquellos ojitos los regalos que decoraban el árbol. Llegó el día de regresar a Dinamarca y su padre se acercó con Hans al mostrador para hacer el “check out”.

-Recepcionista: “Buenos días, señor, ¿le puedo ayudar?”.
-Padre de Hans: ”Buenos días. Por favor, quiero hacer el check out de la habitación 513”.

Hans se acercó todo lo que pudo al mostrador y, alargando su brazo, me entregó una cuartilla doblada a la mitad. Su padre, presuroso, pensando que se trataba de la carta para los Reyes Magos, casi me arranca el papel de las manos. Hans volvió junto a su madre mientras su padre terminaba de hacer la salida. Se despidió atentamente deseándonos una feliz Navidad a todos sin saber que tendría que volver a acercarse al mostrador.

Hans, acompañado por su padre, se acercó de nuevo al mostrador y nos entregó aquella misteriosa nota. Decía lo siguiente:

“Este día último me ha gustado mucho la comida del buffet. Tienen unos serviciales muy atentos. Sobre todo me ha encantado”.

Le dimos las gracias y le prometimos que se lo entregaríamos al director del hotel. Todos nos sentimos muy satisfechos por tan grata felicitación; tanto, que es el día de hoy y esta nota permanece en el back office de la recepción, esperando a que Hans regrese por Navidad y nos deje otra carta para los Reyes Magos.

Enviada por | Ana Prendás

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